Tribuna
de Salamanca
23/04/2005
Conferencia sobre la verdadera historia de la heroína
mirobrigense «Lorenza Iglesias es una quimera, detrás está
Manuela Troncoso»
Ángel S. Peinado
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El historiador mirobrigense y miembro del CEM Feliciano Sierro Malmierca sorprendió ayer con una noticia que aunque ya había comentado en alguna ocasión nadie acababa ce creerse, pero volvió a insistir sobre ella aportando un amplia documentación. Se trata nada menos de que la mujer que siempre se había tenido como heroína en la ciudad, Lorenza Iglesias, era un simple relato del sacerdote Jesús Pereira y por lo tanto inventada, anunciando que la verdadera heroína se llamaba Manuela Troncoso y Lira. Esta aportación histórica la realizó durante la conferencia que pronunció en el IES Tierra de Ciudad Rodrigo, dentro de la programación que el centro ha llevado a cabo durante la Semana Cultural. Feliciano Sierro basó su disertación en la mujer en la guerra de la Independencia, el mito de Lorenza Iglesias y Manuela Troncoso y Lira, la verdadera heroína. Después de hacer una exposición sobre diferentes mujeres que se destacaron por su heroicidad durante la Guerra de la Independencia, se centró en la heroína y emblemática para los mirobrigenses, Lorenza Iglesias, a quien se le han dedicado calles y asociaciones, pero Sierro afirmó que detrás de este nombre «se esconde solamente un fantasma, una idea, una quimera, una fantasía sin asomo de realidad, que solamente existió en la mente del sacerdote Jesús Pereira en una de sus narraciones sobre la Guerra». La verdadera heroína fue Manuela Troncoso y Liria, según Sierro, de la que existe documentación que así lo acredita, como la distinción del Ministerio de Guerra fechada el 20 de octubre de 1815, donde se detalla que Manuela Troncoso y Lira, mujer del Bernardo Miravalle, sargento primero del regimiento provincial de Segovia, hallándose con su marido en Ciudad Rodrigo en el año 1810, se presentó ante el gobernador Andrés Pérez de Herrasti a solicitar un fusil para coadyuvar a la defensa de la Plaza, y vestida y armada como cualquier soldado, sufrió con el mayor valor y constancia las mismas fatigas y riesgos que la demás tropa de su regimiento. Después de la rendición de la Plaza, fue hecha prisionera de guerra en compañía de su marido. Enterado el Rey de la heroicidad de esta mujer se le concedió el rango de sargento segundo con todos sus derechos. |