
UNA SEMANA EN ANDORRA
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Un año
más hemos tenido la oportunidad de viajar una semana a Andorra.
En este viaje hemos realizado diversas actividades, combinando el deporte
con actividades de ocio. Fue un viaje largo y cansado, pero mereció
la pena; el primer día estábamos todos muy cansados pero
contentos porque nos esperaba una semana inolvidable. Nos hospedamos en
un hotel del centro de la ciudad, al lado de la calle principal, donde
gastamos todos nuestros ahorros. Teníamos tiempo para todo, por
las mañanas lo ocupábamos con el esquí, no había
mucha nieve natural, pero gracias a los cañones los expertos podían
utilizar las pistas rojas, y los principiantes utilizar las pistas verdes
y azules. Todos los grupos mejoraron su nivel de esquí, algunos
a base de comer nieve, otros perfeccionando el paralelo y por último
los que solo fueron por diversión ya que su esquí no era
de gran calidad. Los monitores estaban pendientes de todos nosotros en
horas de clase como las horas de esquí libre. Por las tardes, después de comer en las pistas, donde la comida no era precisamente muy agradable para nuestro paladar, seguíamos esquiando por nuestra cuenta hasta las 16,30 horas aproximadamente que nos recogía el autobús para regresar al hotel. Durante este viaje aprovechábamos para descansar y algunos para gastar bromas. Este viaje duraba aproximadamente media hora. Al llegar al hotel teníamos tiempo libre que cada uno utilizaba de diferente modo; unos jugando al villar, otros jugando a la PS2, pero la mayoría sin duda se iban a comprar. A las 20,30 horas nos dirigíamos a un restaurante enfrente del hotel donde cenábamos, en estos momentos era cuando nos dábamos cuenta de lo mucho que echábamos de menos la comida de nuestros padres, aunque esta última estaba mejor que la de las pistas. Al terminar la cena cada uno se iba a su habitación para arreglarse y comenzar a disfrutar de la noche. |
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Antes de salir del
hotel, el recepcionista, que era de Cáceres, nos aconsejaba dónde
era conveniente que saliéramos de fiesta con nuestra edad; nos
explicó las normas que había en Andorra, las discotecas
cerraban a las tres de la madrugada, pero nosotros seguíamos la
fiesta en el hotel.
A los monitores que fueron con nosotros esto último no les hacía mucha gracia, pero nos aguantaron durante toda la semana, con alguna bronca que otra, pero sin problemas. El hotel estaba muy bien vigilado pero de todos modos nosotros teníamos mucha libertad. El penúltimo día, quienes quisimos fuimos a Caldea. Mucha gente se quedó en el hotel, porque el cansancio era muy fuerte. En Caldea lo pasamos genial, nos relajamos y nos reímos mucho. Otros decidieron visitar lugares peculiares de Andorra, como por ejemplo el reloj de agua. Este horario fue los primeros días, ya que los últimos estábamos tan cansados que nos quedábamos dormidos en la estación y sólo algunos valientes salían a esquiar. La verdad es que fue una semana inolvidable y, sin duda, todos los que asistimos a esta excursión querríamos repetirla. También nos gustaría agradecer la compañía de los monitores, que nos aguantaron con tanta paciencia, tanto en los viajes como en el hotel; y al conductor, que sin él no hubiéramos podido hacer un viaje tan tranquilo y sin contratiempos. Andorra nos pareció una ciudad espectacular en todos los sentidos, porque puedes hacer gran variedad de actividades. Esperamos repetirla el próximo año y pasarlo igual o mejor de bien que este año. Marta Neyra Calama |